Katherine Quispe Huaraca
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A lo largo de este tiempo, he escuchado mucho decir que esta pandemia nos obligó a dar un salto tecnológico y aunque esto sea cierto y los beneficios que trajo esta coyuntura a nivel digital nos suene como un cuento de hadas y muchos estén contentos de haber avanzado hacia la virtualización o el uso de la tecnología, me pregunto, ¿realmente todos los peruanos somos parte de esta misma historia?

Pues así como lo pensaste, la respuesta es un rotundo no. Esta pandemia nos ha dado un duro golpe de realidad, ha puesto en evidencia las diferencias que existen entre las distintas clases sociales en nuestro país y obviamente “los de abajo” son quienes han sido más golpeados, miles perdieron sus empleos, muchos en afán de ganarse el pan del día a día salieron a las calles, llevaron el virus a casa y a consecuencia de esto perdieron a sus seres queridos, las calles se llenaron de lágrimas y dolor.

En esta pandemia también vimos un boom de las redes sociales, nos mandaron a guardar cuarentena y nos alejamos de quienes más queremos pero encontramos nuevas formas de conectarnos, las videollamadas se volvieron un clásico, pero qué hay de quienes tienen familia en zonas alejadas donde no hay acceso a internet ni a celulares, muchos no supieron de ellos solo hasta que los volvieron a ver una vez que estuvo permitido viajar, ¿se imaginan la angustia que debieron sentir al no saber nada uno del otro?, pues una llamada o una videollamada que para algunos es lo más sencillo, para otros es imposible.

Hablemos del teletrabajo, una opción para muchos factible y hasta conveniente, “trabajar desde casa, ¡qué privilegio!”, pero ¿todos pueden decir lo mismo?, muy aparte de lidiar con los problemas que todo teletrabajador tiene en su día a día ya que sus mundos se han mezclado y ya no solo se trata del “yo profesional” que iba a una oficina, muchos de ellos no tienen la “tecnología” suficiente para teletrabajar tan bien como se espera, la conexión a internet en muchos lugares no siempre es rápida, la pc que tienen no aguanta tanta información, el nivel de adaptación al uso de herramientas digitales no siempre es el esperado, cuántas empresas han vuelto al modo presencial arriesgando la salud de sus trabajadores solo porque el teletrabajo no fue una opción que funcione para ellos, entonces pregunto nuevamente ¿el acceso a la tecnología es para todos?

Ahora, hablemos sobre la educación en nuestro país, si bien para algunos las clases virtuales se hicieron una alternativa atractiva para otros no es nada más que un año perdido. Universidades, institutos y colegios, todos se enfrentaron al mismo gigante, la conectividad a internet, y si bien muchos lograron adaptarse a esta nueva modalidad gracias a su condición económica estable, muchos otros no lograron hacerlo, pues se cree que solo tener conexión a internet es suficiente, cuando la realidad es que para estudiar necesitas pasar horas y horas en clase, necesitas cargar y descargar cientos de archivos, necesitas una laptop o al menos un teléfono que funcione bien, entonces una recarga o una velocidad limitada no son suficientes para cumplir con tus deberes de estudiante. Hubo también muchas personas que debido a la coyuntura tuvieron que abandonar sus estudios y ponerse a trabajar, otros que tuvieron que regresar a sus lugares de origen donde, en muchos casos, no existe conexión a internet. Hoy en día podemos diferenciar sectores que tienen el acceso total a las tecnologías, sectores que no tienen acceso de ningún tipo y zonas donde no hay acceso de forma completa. Si ponemos un ojo a las zonas indígenas y las zonas rurales, el panorama es muy desalentador y triste. Pregunto nuevamente, ¿la tecnología es para todos?

Enfoquémonos en estas instituciones que tuvieron que batallar con la implementación de esta nueva modalidad. Las universidades privadas tuvieron mejor respuesta, las nacionales la lucharon y con algunas deficiencias llevan adelante sus clases virtuales, los institutos la tuvieron más difícil y muchos manifestaron sentirse olvidados, pero qué hay de los CETPROS, estas instituciones que atienden a estudiantes con muchas ganas de superarse pero de condición económica baja que no pueden pagar una universidad o un instituto, instituciones que están camino a la acreditación pero que reciben un mínimo apoyo del Estado para implementarse en cuanto a infraestructura, y peor en medio de esta pandemia, sin recibir apoyo alguno, ¿dónde quedan estos estudiantes?

En cuanto a los colegios, al iniciar el año escolar se puso en marcha la estrategia “Aprendo en casa”, sin embargo, la geografía del país ha sido el principal obstáculo para la conectividad. A nivel nacional, se estima que cerca del 60% de escolares de zonas rurales no acceden a dicha plataforma, esto demuestra que no es nada fácil aprender en casa y que es un desafío que los escolares lleven sus clases a distancia. Puedo hablar de este tema ya que vivo esta realidad de cerca, mis padres son profesores y aún recuerdo a mi mamá decir “Me preocupé mucho cuando dijeron que las clases serian virtuales, pensé en mis alumnos, muchos de ellos no tienen TV ni un teléfono”, y ciertamente fue muy difícil contactar a todos los alumnos, lo cual no se logró, y es más complicado aún mantener conectados a diario a quienes sí se pudo contactar, y peor aún en la modalidad EBA ya que son alumnos que estudian y trabajan o simplemente se les hace más económico estudiar en esta modalidad, en una clase de mi mamá solo 1 de 20 alumnos responde al WhatsApp, pude sentir la impotencia de los docentes al no poder llevar sus enseñanzas a todos sus estudiantes o al escuchar frases como “lo siento profe, trabajo todo el día”, “profe me fui a ayudar a mis papás a la chacra y allá no hay internet”, “profe me estoy prestando el celular de mi vecina y a veces no quiere”, sí señores, esta es la realidad. Puedo afirmar que no existe una mirada integral hacia la educación por parte del gobierno y un gran ejemplo de esto es que para la entrega de tablets solo fue considerada la modalidad EBR dejando fuera a la modalidad EBA siendo ellos quienes más necesitaban esta ayuda, ya que muchos pueden tener acceso a internet pero no tienen un teléfono y mucho menos una laptop que les permita acceder a clases, y comprarlos supone un gran esfuerzo. ¿No les indigna saber esto? A mí sí.

Tomemos un respiro y pensemos, ¿qué estamos haciendo como país para lograr eliminar estas brechas y hacer del acceso a la tecnología una realidad para todos los peruanos?, habrá respuestas positivas y negativas pero lo que si es cierto es que el acceso a la tecnología aún no es una realidad de la que podamos alardear, por lo que sugiero que vayas y saques de tu refrigeradora ese trago de empatía que tanto necesitamos y bebas hasta el fondo, para de esta manera entender y sentir las distintas realidades de nuestro Perú. Aún no podemos decir que somos un país a la vanguardia de lo digital pero podemos contribuir a que esto cambie, como siempre lo he dicho, todos podemos hacer algo, no importa si es algo pequeño, pero desde donde estamos podemos tomar acciones que hagan que cambie la realidad que vivimos. ¿Te sumas a este reto?

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