MBA Cristina Quiñones

Aprendí que «La calle» enseña más de liderazgo que cualquier manual corporativo.

 

Nos enseñaron que liderar era subir, resistir y mantener una careta impecable. Pero la calle —y mis propios tropezones en el camino— me enseñaron que el liderazgo no es un pedestal, es un espejo. Se trata de bajar la guardia, soltar el ego de «pavo real» y aceptar que nuestra mayor fuerza reside en esa vulnerabilidad que realmente nos conecta.

Hoy, ya no queremos líderes que tengan todas las respuestas en un Excel, sino quienes se atreven a hacer las preguntas incómodas, las que nadie quiere formular. Porque la verdad es simple: los líderes no construyen empresas sostenibles; construyen personas capaces de sostener empresas.

Con el tiempo me cansé de interpretar un personaje corporativo que no era yo, empecé a dejar de resistir y a empezar a sentir. Al final del día, una organización sin alma es solo un archivo de gestión, pero un líder con pasión… ese es quien realmente cambia el juego.

Quiero compartirte mis 4 Insights de Liderazgo, aquellos que aprendí cayéndome y volviéndome a hacer:

 

La debilidad nos fortalece: Hacernos «pequeños» puede engrandecer más que un título.

No se trata de escondernos bajo la trayectoria, años o «éxitos», sino lucirnos bajo la transparencia de nuestra propia verdad. Tampoco se trata de mostrar cuánto de IA sabemos o lo grandiosos tecnológicamente que somos. Aquí podemos aplicar el dicho: “Dime de qué te jactas para decirte de qué careces”. A veces tendemos a ser pavos reales, cuando somos piwi y asustados. A veces queremos correr cuando ni sostenernos de pie podemos. Y no, no se trata de rodearnos de libros, títulos o cargos… se trata de liberarnos de los apegos que nos atan a una imagen o etiqueta. Se trata de “limpiarnos” y estar cómodos con nuestro solo ropaje.

Yo reconozco que me perdí cuando estaba en el mundo corporativo y tuve que renunciar a él en búsqueda de mí misma y mi propio espacio laboral. Allí aprendí una lección poderosa, aunque dura: No todos tenemos que vivir del sueño corporativo. En efecto, los caminos laborales no son únicos y a cada quien le toca descubrirlo. A veces «encajar» en el éxito empresarial es lo más difícil. En mi caso nunca he sentido que encajaba del todo en el mundo corporativo… y eso hizo que renunciara y me rehiciera. De eso hace 18 años ya. Entendí que lo mejor no era intentar encajar en un modelo, sino construir el propio. Admiro a mis amigos «corpo», pero simplemente no era mi mundo. Yo soy un alma independiente y me sentí más cómoda formando mi propio espacio laboral… pero, claro, esa fue mi decisión y mi historia… cada uno debe (re)descubrir el suyo y es válido. ¡Mientras lo sientas tuyo, todo OK! El sueño corporativo no es para todos… a veces nos toca liberar la energía que desperdiciamos interpretando un rol en el que no encajamos y usarla para crear nuestro propio modelo.

¿El Aprendizaje? Preguntar nos hace grandes, no solo dar respuestas. Nos perdemos cuando creemos que debemos tener todas las respuestas. El liderazgo real no es dar cátedra, es saber preguntar. Debemos dejar de lado el ego y la pretensión. Ser transparentes: preguntar más, escuchar al propio equipo y conectar con la humanidad que vive detrás de los indicadores. Algo que, en lo personal, me ayuda mucho es tratar de recomendar a dos o tres personas en LinkedIn de las que aprendiste algo valioso, agradecer a quien te dio trabajo y mostrarte humilde siempre… Siempre es posible aprender, hasta del que menos imaginas.

 

Liderar no es resistir (en vano): No es ser fuertes… hemos sobrevalorado el “sacrificio” y perdido la sensibilidad.

Hemos creído que el sacrificio nos legitima y nos hemos perdido en el liderazgo. Ya no sabemos quiénes somos ni somos capaces de autoliderarnos. Nos sentimos felices si nos “rompemos” en el camino y así exigimos al resto. Para muchos de nosotros el sacrificio es virtud y todo aquello que se le oponga es leído como debilidad, mediocridad o displicencia.

Sí, cuesta mucho sentirse aprendiz a pesar de haber recorrido el camino… y eso hace que tendamos a imponer a otros nuestra propia “desgracia”. ¡Si yo sufrí, entonces tú también tienes que hacerlo… cómo nos encanta el masoquismo! Nos fascina ver sufrir a los demás. Yo hablo esta vez con absoluta sinceridad: odio los tiempos vacíos y los tiempos muertos. Si hay tiempo libre, caras libres y manos libres, me pongo ansiosa… y digo: este está hueveando… No puedo entender una lógica de bienestar laboral porque en mi generación no existía más que el látigo. No sé fluir, lo reconozco. Tampoco entiendo los conceptos de las nuevas generaciones de “random” y eso… para mí, o trabajas o trabajas. Y lo demás es «hueveo». Pero con el tiempo y con los golpes, he aprendido que podemos transitar por caminos menos ásperos o absolutos, que es posible sentirnos libres y también disfrutar el viaje y no solo el destino.

¿El aprendizaje? No resistas, entrégate y ¡fluye con el proceso! Creo que esa palabra es clave: fluye con los cambios y busca sentir lo rico de no saberte de esta época, o de sentirte un viajero en un mundo distinto. De adaptación nadie va a morir. De exigencias sí te puedes ahogar. Ser líder no es aguantar en silencio ni forzar corazas de acero. Nos toca también normalizar las propias emociones. La vulnerabilidad es valentía. Se trata de construir personas capaces, no solo resultados.

 

Haz la diferencia siendo tú mismo, no lo que el mundo dice que seas.

Las empresas dicen buscar liderazgo en sus talentos, pero a menudo castigan lo que no encaja. La conformidad es enemiga de la autenticidad. Noto un agotamiento de «sostener al personaje» de Líder en vez de disfrutar del viaje. Nos desgasta el vestir, hablar y actuar como se supone debe hacerlo un jefe en lugar de disfrutar el camino y/o ser auténticos. Sentir, tocar, cantar o reír pueden ser tan efectivos como liderar, mandar, dirigir o imponer una idea. Yo me río como bruja y tal vez soy poco «dama» al hacerlo o tal vez poco CEO… no me importa, me hace feliz. Las personas que me conocen saben que mi risa es un «trademark» y, si puedo ser yo un rato, dejaré de «joder» a mi equipo más tiempo y seré más productiva en mi trabajo. A mí me gusta descargar tensiones con cuotas de humor, ironía o sarcasmo.

A veces el trabajo de un líder es un poco duro… e impostado. En el pasado he sido miembro de Directorio y, la verdad, lo sentía como un ámbito un poco rígido y estructurado… lleno de objetivos, indicadores y eficiencia. Yo me sentía un lunar… y mis comentarios como mujer, psicóloga, insighter y especialista en marketing con calle aparecían como un tanto “disruptivos”, asumo (para decirlo en la forma más amable). Nunca me he sentido a gusto del todo en estos ambientes formales y protocolares… pero aprendí a serlo. Cada quien encontrará la forma de hacer lo que considere correcto.

¿El Aprendizaje? Ser fiel a uno mismo es la más difícil tarea. Haz la diferencia siendo tú mismo. No intentes encajar, intenta salir de la caja y, si la caja no te funciona, crea otra para ti. Nadie dijo que encajar podría funcionar… no matemos las ideas por “encajar”… alimentemos las que no encajan y veremos cómo nos sentimos más a gusto. ¡Desencájate! ¡Desnúdate! Libera la energía que desperdicias interpretando un rol como «Líder» o «CEO» y úsala para crear tu propia identidad. No dejemos que el «personaje» se coma a la persona.

 

La autoridad nace de la Pasión, no solo del conocimiento.

La data y los KPI nos dicen qué pasa, pero la intuición nos dice hacia dónde ir. Las organizaciones y líderes sin alma no contagian. El verdadero liderazgo elige su propia ruta de crecimiento y no la predefine. Para tener la capacidad de seguir evolucionando hay que dejarnos llevar por la propia intuición. No podemos transitar en una escalera de jerarquía sin sabernos falibles o flexibles. Retroceder para avanzar, o «equivocarse» para acertar. Se trata de hacer lo que sentimos que tenemos que hacer y no lo que la vida nos tiene preparado para hacer. Yo renuncié al mundo corporativo para ser Cristina Quiñones… decidí bajarme de la escalera corporativa y hacerme un mundo en la propia empresa. No sé si gané o perdí, sentí que tenía que hacerlo. Busqué darle “randomness” a mi vida, como dicen algunos, es decir, darle la vuelta al crecimiento ordenado, lógico, secuencial y “racional”. Decidí hacerle caso a mi intuición, a mi emoción y a mi alma. Sí, esa que está escondida y a menudo “chancada” por nuestra razón.

La intuición bien llevada puede encauzar decisiones y afinar el propio sentido. Sin sentido, la vida carece de alma y el liderazgo también. Yo creo en un Liderazgo y trabajo con alma… que se pueda sentir, que la pasión emerja y pueda contagiar a otros. Hoy misma estoy en un reto fuerte, porque he perdido a mi padre hace muy poco… pero ¿saben lo que no he perdido?: el ejemplo y enorme legado que me dejó… y eso me hace fuerte para seguir… quiero que él se sienta orgulloso de mi apellido, de ser su hija y de su legado. Y por ti, papá, seguiré hasta quemar el último cartucho. ¡Te amo, papá!

¿El aprendizaje? Lidera con alma. Si no sientes pasión por lo que haces, es imposible transmitirlo. El éxito no es un título, es el significado y huella que dejas en los tuyos. Gestionar es «hacer». Liderar con alma es «ser». Y mientras la gestión mantiene el statu quo, solo el liderazgo que late, que se emociona, que se atreve a incomodar y que tiene una causa profunda es el que termina dejando una huella real en la sociedad. Sin alma, solo estás administrando una empresa o marca; con alma, estás construyendo un futuro… sostenible.

 

Resumo aquí mis propias lecciones de Liderazgo y que intento recordar día a día

  1. Liderar ya no es tener todas las respuestas; es habitar contradicciones.
  2. El mayor esfuerzo de un líder no es resolver problemas, es sostener el personaje.
  3. La debilidad nos fortalece: ¿Por qué seguimos premiando la armadura en lugar de la humanidad?
  4. Sin alma, el liderazgo es solo gestión. Y la gestión no cambia el mundo.
  5. Aprendí que «La calle» enseña más de liderazgo que cualquier manual corporativo.

Recuerda que «sin calle, no hay insights». Lo que realmente mueve a las personas no es la perfección, sino la capacidad de sentir y conectar nuestra verdad con la de los demás.

Y tú, ¿cuáles son tus lecciones de liderazgo? ¡Me encantaría leerte!

¡Gracias!

 

Cristina Quiñones.
Psicóloga Social. Insighter & Strategic Thinker. CEO de Consumer Truth. Autora Planeta. #DesnudandoLaMente #EstrategiasConCalle

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